martes, 12 de agosto de 2008

Como un melón sin abrir...

¿Habéis oído alguna vez esa frase de que "algo es como un melón sin abrir"?. Es sólo otra forma de decir lo que la cantante Natasha Bedingfield dice en su canción Unwritten: "Feel the rain on your skin", o sea, experimenta las cosas por tí mismo, porque sólo así se aprende.

En ocasiones me ha dado por pensar que soy una mente débil. En mi adición a Kinépolis Granada, trato de estar en el cine unos veinte minutos antes de que comience la peli. Cualquiera preguntaría que para qué, si tengo entrada numerada (generalmente comprada unas tres horas antes de la peli para pillar buenos sitios) y el sitio asegurado. La respuesta a eso es simple: "¡me gustan los trailers!". Y, seamos realistas, todos sabemos el tipo de trailers que nos ponen en el cine. Aquellos dirigidos al GRAN público, entendiendo por éste a la inmensa mayoría que va al cine a no comerse el tarro sino a reirse de tonterías, a pasar un susto de muerte durante dos horas, a ver unas cuantas naves por el mero hecho de verlas, ... Eso sí, con un poco de trama y buen hacer.

Generalmente, los trailers consiguen su efecto, o sea, crear una lista de qué películas quiero ver a continuación (cuando se estrenen, claro está). Tanto me gustan que me entran ganas de pedir que me devuelvan 25 céntimos de la entrada cada vez que no los proyectan. De hecho, no es raro oirme decir "esa quiero verla" durante la proyección de alguno de ellos.

Una respuesta que me he encontrado a veces de quien me acompañe en ese momento es "pero si tiene pinta de ser muy mala" o algo así. Bueno, pues para mí, las películas son "como los melones sin abrir". Prefiero verlas yo y juzgar lo que me provocan a dejarme guiar por los criterios de los demás. Si me resulta una mierda, pues lo descubro yo. Si me gusta, pues lo descubro yo. Nadie va a poder decirlo por mí, porque no lo digo yo.

Si nos guiamos por un criterio estadístico, puedo decir sin temor a equivocarme (y ateniéndome a ese criterio) que me gustan auténticas porquerías de películas. Las más tontas, las que menos chicha tienen, ... ¡Pero me gustan!. Considérese esto una salida del armario cinematográfico: ¡me gusta el cine fácil!. Soy parte de ese GRAN público que se emociona con un gran efecto especial y un poco de argumento. O con una risotada y un poco de argumento. O con una lagrimita y un poco de argumento.

Para la próxima: Mi sequía veraniega de series.