De un tiempo a esta parte (o sea, después de las tres primeras semanas de vida de este blog), sólo escribo en él para decir "¡marditos...!". Digo esto porque fueron sólo tres semanitas (no las he contado pero eso me da la impresión) en las que cogí con fuerza la publicación de cosas que me gustaban y consideraba interesantes.
Bueno... pues, últimamente, he perdido el interés por poner lo que me gusta... eso ya lo hago en el Caralibro. Pero no he perdido el interés por preguntar a la gente si entienden qué está pasando. Porque yo no lo entiendo, francamente.
No sé si sabréis que "nuestro querido gobierno" ha decidido impulsar un mecanismo de censura en "la red de redes", vía una ley que, en principio, no tenía nada que ver con dicha red. Esta "Ley de Economía Sostenible", cuya esencia debe ser beneficiosa para la sociedad española (centrándose en el beneficio para las pequeñas y medianas empresas) se ha convertido en un medio de vuelta a una sociedad de la información inquisitorial.
Fijaos que he dicho "pequeñas y medianas empresas". Las grandes no se merecen ni el aire que respiran porque ellas son las que nos han metido en esta situación de crisis en la que nos vemos inmersos. Sobre ellas habría que establecer férreos controles para que no vuelvan a llevarnos a una situación como esta.
Bien, pues dentro de esas "grandes empresas" tenemos a las discográficas, distribuidoras y editoriales, enormes holdings especuladores con los bienes ganados durante años de prácticas abusivas contra los consumidores sin el control de los gobiernos y con el consentimiento de los propios consumidores que no hacían más que afirmarles en su creencia de que la cultura y el arte es un lujo (una frase de lo más Alfredo Kraus en su referencia a la opera y en contra de cantantes de ópera que trataban de ganar más dinero llevando ese tipo de música a los oídos del pueblo llano -entiéndase por "llano", menos boyante económicamente hablando; y entiéndase por "boyante", con el dinero justico para llegar a fin de mes-).
Estas "grandes empresas" (el entrecomillado es intencionado y no una mera cita textual a mí mismo) son "La Mano que Mece la Cuna" en esta escena del absurdo en la que nos vemos ahora. A base de estratégicos pellizcos a sus explotados, han conseguido que estos luchen sus batallas y defiendan sus enormes feudos. Lo de "explotados" va con intención, también, porque me resisto a creer que el cantante vea más de un euro de los dieciocho o veinte que cuesta el CD. ¿Dónde va el resto?. ¿De verdad hace falta responder a esto?.
Bueno, pues los "explotados", sabiéndose asidos por sus pudendas partes a manos de estos explotadores, idean un mecanismo de explotación (y no en el sentido económico de la palabra sino en el más oscuro que cabe) para trasladar su sufrimiento a los únicos a los que pueden: su público.
En esta situación, y ante la idea de que la turba enfurecida de su público, pueda arrollarles exigiendo sus derechos, deciden unirse en un "grupito" y crear una "asociación" que luche por sus derechos (el derecho a explotar a otros-exigir abusivamente-, por supuesto). Esa "asociación" se constituye legalmente en sociedad, con acta fundacional, estatutos y todo, seguramente. Yo he redactado estatutos en más de una ocasión (sólo para asociaciones sin ánimo de lucro) y hay cosas que meter, como la entrada de socios, la contribución de estos a la asociación, obligaciones y deberes. Sin embargo, ésta de la que hablamos incluye "deberes" que atan férreamente a los suyos y les impiden abandonarla, hasta el punto de que los asociados ni se plantean la posibilidad. Si esto es lo que ocurre, los asociados sólo pueden hacer lo que "creen" que les queda de libertad: encajar en el engranaje y ayudarle a ganar velocidad. De lo que no se dan cuenta es de aquellos a los que "la gran máquina" aplasta en su camino. El resultado es "la cultura y el arte SÍ que son un lujo y no un derecho".
Pues esta ley lucha, entre otras, por esas "grandes empresas" que, en tiempos de crisis, sólo quieren ganar más y más. Porque ellas nunca pierden. Sólo pierden cuando quiebran, y son pocas las que han quebrado, según he oído.
Sinde no era de mi agrado cuando obtuvo la cartera ministerial. Ni ella ni el motivo por el que la alcanzó. Pero, después de comentarios y declaraciones desafortunados, pareció comprender que sus motivos personales no son relevantes en el cargo que ocupa, y empezó a mantener silencio y a no atraer la atención sobre sí. Tiene que representar los intereses de todos los españoles, y no de unos pocos, por demás pudientes. Y eso no lo hace. De hecho, ese silencio no era comprensivo de su lugar ni de su responsabilidad. Era el mismo silencio de una serpiente oculta en un matorral esperando a la presa que ha de pasar. Y ya se ha lanzado.
Triste ser recordada por la misma razón y motivo que todos los de este país recordamos al Ministro Corcuera.
No pretendo analizar las implicaciones de esta "nueva Ley". Y digo "nueva" porque, si la del Ministro Corcuera se llamó "de la patada en la puerta", a esta deberíamos llamarla "de la patada en el router". Para eso ya están otros que entienden más que éste, que únicamente se siente frustrado e impotente, porque unos cuantos poderosos y con dinero, han vuelto a conseguir que muchos tengamos miedo de lo que decimos o publicamos.
Tristes tiempos nos han tocado vivir.
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sábado, 20 de marzo de 2010
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